Sobre el Decreto Ejecutivo 60 y la fusión del Ministerio de Cultura y Patrimonio con el Ministerio de Educación
Desde Fundación Clave, organización comprometida con el fortalecimiento de la gestión cultural, la participación ciudadana y el ejercicio pleno de los derechos culturales, expresamos nuestra profunda preocupación ante lo dispuesto en el Decreto Ejecutivo N.º 60, firmado el 24 de julio de 2025, que establece la fusión del Ministerio de Cultura y Patrimonio con el Ministerio de Educación, como parte de un plan de reducción del aparato estatal.
Esta medida representa una grave regresión en el desarrollo institucional del país y, especialmente, en la garantía de los derechos culturales de los ecuatorianos.
Reducir el tamaño del Estado no implica automáticamente mayor eficiencia, por él contrario podría tener efectos adversos:
Concentración de funciones que debilita la especialización técnica y la capacidad de respuesta sectorial.
Pérdida de autonomía institucional, con impactos negativos en la formulación de políticas públicas específicas, como las culturales.
Centralismo e inequidad, al alejar aún más la gestión cultural de los territorios y de las comunidades que requieren políticas diferenciadas y descentralizadas.
La cultura no es un anexo de la educación formal ni una política ornamental. Es un derecho humano fundamental, un componente estratégico del desarrollo y un espacio clave para la cohesión social, la memoria colectiva y la construcción de ciudadanía.
La eliminación del Ministerio de Cultura y Patrimonio como entidad autónoma no solo afecta al sector cultural, sino que limita las posibilidades de imaginar, construir y vivir en una sociedad más justa, creativa y democrática. Silenciar la política cultural es debilitar la capacidad del país para pensarse a sí mismo desde su diversidad, su historia y sus territorios.
Por ello, hacemos un llamado a la comunidad a unirnos para defender la institucionalidad cultural del Ecuador como un pilar fundamental para el ejercicio de derechos, el desarrollo sostenible y la construcción de paz.
La cultura no es un privilegio, es un derecho que se debe garantizar.
Me gustaría comenzar contándote cómo llegué a ese lugar tan especial. Hace algún tiempo, atravesaba días complejos, llenos de tribulaciones y pensamientos que me consumían. Tal vez fue esa situación lo que me llevó a aceptar la invitación de una amiga, hoy muy cercana, quien me propuso un jueves distraerme un poco e ir a la 310. Me explicó con gran entusiasmo el concepto del lugar, lo que representaba para ella y cómo sus amigos, quienes lideran el espacio, lo habían hecho crecer.
Cuando llegamos, fuimos recibidos por Jazmín y Tito. Al ingresar, el ambiente me envolvió de inmediato. Fue como si todas mis cargas quedaran fuera y, al cruzar esa puerta, me adentrara en un universo paralelo lleno de colores, buena vibra y una energía que en ese momento no supe cómo describir. La proyección de la película comenzó, seguida del foro, y todos compartían sus experiencias y las emociones que la película despertaba en cada uno.
Mientras recorría el lugar, me encontré con una frase en sus paredes que marcó un antes y un después para mí: «La cultura es la regla. El arte la excepción.» – Jean-Luc Godard. Fue una revelación, la chispa que encendió algo dentro de mí. Esa es, para mí, la magia de la 310: transformarte, llevarte a un espacio libre, diverso, que te invita a explorar ese arte interno que todos poseemos, sin miedos, sin restricciones, sin preguntas.
Hoy, estar aquí con Tito y Jazmín, escuchándolos, viéndolos vivir y habitar este espacio, es una experiencia única. En este ambiente tan cálido, a puertas cerradas, esperamos a los alumnos para el taller de pintura. La música de fondo, las paredes llenas de color… y nosotros, conversando tranquilos, con una copa de vino. Un momento que marca, un espacio que transforma.
Con esto en mente, tuvimos la oportunidad de conversar con Tito y Jazmín, quienes han hecho de La 310 un refugio artístico en Portoviejo. Al preguntarles cómo nació este lugar, Tito nos relató que todo comenzó en plena pandemia. «No fuimos los únicos tratando de hacer algo dentro de casa, pero fue una apuesta arriesgada. Empezamos aprovechando el patio, decorándolo poco a poco, sin mayor intención que compartir con amigos. Hacíamos actividades lúdicas, cosas que nos encantaban a los dos.»
Jazmín añadió que esa esencia se ha mantenido viva a lo largo de los años. «Aunque el COVID ya pasó, seguimos con la misma tónica. Nunca pusimos un letrero afuera, ni quisimos darle una fachada comercial. Nos gusta que la gente llegue por recomendación, que sea un descubrimiento. La sorpresa de cruzar la puerta y encontrar un mundo diferente es parte del encanto.»
Lo interesante de La 310 es que, aunque ha evolucionado, no ha perdido esa independencia que tanto los caracteriza. Tito, que viene del cine y Jazmín, que proviene del arte plástico y el diseño gráfico, vieron en este espacio la libertad de hacer lo que realmente querían, sin responder a ninguna agenda externa. «Nos hemos inventado cosas, algunas han funcionado y otras no, pero siempre seguimos adelante», dice Tito con una sonrisa.
Mirando atrás, Jazmín reflexiona sobre cómo ha cambiado el lugar y la comunidad que lo visita. Al principio, probaron de todo: eventos musicales, fiestas, noches de disfraces… «Estábamos tanteando el terreno. Algunas cosas funcionaron, otras no tanto», cuenta Jazmín. Pero con el tiempo, se dieron cuenta de que no solo estaban creando un espacio de entretenimiento, sino un lugar donde las personas podían conectar de manera más profunda con el arte. «Fue cuando los talleres de pintura, el cine y la literatura empezaron a tomar más protagonismo», dice Tito.
Lo que realmente hace especial a La 310 es su ambiente. Ambos coinciden en que, más que un lugar físico, es como un ser vivo, con personalidad propia. «Antes de abrir, siempre sahumamos. No es un ritual con reglas estrictas, pero nos gusta limpiar las energías», comparte Tito. Jazmín agrega que, a veces, el espacio mismo no les permite hacer ciertas cosas. «Parece que tiene su propia identidad. Es como si nos dijera qué funciona y qué no», comenta.
A pesar de las dificultades, como la crisis económica y la inseguridad, han logrado mantenerse a flote. Jazmín nos dice que, a veces, se sienten al límite de sus fuerzas, pero siempre algo los hace seguir. «No es solo lo económico; hay algo intangible en este lugar que nos devuelve mucho más de lo que podemos medir en dinero. Nos han dicho que este es un ‘lugar seguro’, un espacio donde la gente se siente realmente libre.»
La 310 también ha sido un espacio que ha marcado una diferencia en la vida de las personas. Para Tito, lo más bonito es ver cómo se han formado amistades, parejas y grupos de apoyo. «Lo más bonito es ver cómo la gente regresa, se apropia del espacio y lo recomienda a otros», dice. Jazmín también recuerda que muchos visitantes le han comentado que venir aquí les ha servido como una terapia, aunque nunca lo buscaron de esa forma. «El arte siempre tiene un impacto en las emociones», señala.
En cuanto a su programación, Tito nos cuenta que La 310 tiene una agenda cultural que se planea a conciencia. «Nosotros, Jazmín y yo, nos tomamos un tiempo cada año para planificar. Nos vamos de viaje, nos sentamos a discutir qué queremos para el año siguiente, pero luego ajustamos según lo que sentimos que la comunidad necesita», explica. Además, han abierto el espacio para que otros artistas también presenten sus propuestas.
Para ambos, la autogestión ha sido un reto constante, pero uno que han enfrentado con paciencia y aprendizaje. «Ha sido un proceso de dividir roles y entender nuestras fortalezas. El lugar donde estamos es un reto, un barrio con problemas de seguridad, pero hemos aprendido a manejarlo con respeto y empatía», dice Jazmín.
Al final, Tito resume La 310 como un espacio que juega con el arte y la creatividad, un lugar donde las personas pueden disfrutar de la experiencia sin barreras. «Para nosotros, el arte es un juego, pero en el sentido profundo del término. Jugar por el simple placer de crear, de compartir», dice con convicción.
Sobre el futuro, ambos sueñan con un espacio completamente autogestionado, donde La 310 pueda continuar sin depender económicamente de ellos. «Lo más importante es que este lugar siga vivo, que siga siendo un refugio para quienes buscan arte, comunidad y experiencias genuinas», finaliza Tito.
Al terminar nuestra charla con Tito y Jazmín, una sensación de gratitud y emoción quedó en el aire. La 310 es mucho más que un lugar donde se comparten experiencias artísticas; es un testimonio del poder de la autogestión, la pasión por el arte y la comunidad que se crea cuando hay un espacio para ser uno mismo. Aunque enfrentan dificultades y siguen navegando desafíos, su enfoque y dedicación son un claro recordatorio de lo que significa mantener viva una visión, no solo por lo que se obtiene, sino por lo que se ofrece. Al salir de La 310, el sentimiento es claro: aquí, el arte es un reflejo de la vida misma, transformadora, vibrante y siempre en movimiento.
Taller Participativo con actores de la comunidad Sosote y sectores aledaños. Fotografía: Paulina Romero, abril 2022.
Impulsado por su compromiso con la conservación del patrimonio cultural, durante el año 2022 el Gobierno Autónomo Descentralizado del cantón Rocafuerte (GAD Rocafuerte) inició la construcción del «Plan de Gestión del Patrimonio Cultural del Cantón». Esta iniciativa, llevada a cabo por la Fundación Cultural Clave, marcó un hito fundamental en el esfuerzo por preservar y difundir el valioso legado cultural rocafortense.
Durante un período de cuatro meses, desde finales de febrero hasta junio, se dedicó un arduo trabajo a la elaboración de este plan, con el propósito de establecer estrategias efectivas para conservar, mantener y difundir el patrimonio arquitectónico y cultural del cantón. Se llevaron a cabo una serie de talleres participativos y entrevistas con diversos actores culturales, comunitarios y municipales, con el objetivo de diseñar un plan que realmente capturara las necesidades y aspiraciones de la comunidad con relación a su patrimonio cultural.
El resultado fue EN VALOR: Plan de Gestión del Patrimonio Cultural de Rocafuerte, una herramienta integral que busca no solo proteger y conservar el diverso patrimonio cultural del cantón, sino también promover su uso responsable como motor de desarrollo sostenible y reactivación económica. Con estrategias bien definidas, programas específicos y un modelo de gestión desarrollado para el tema, este plan estableció un camino claro hacia un futuro donde el patrimonio cultural sea el eje transversal de la identidad local y el desarrollo comunitario.
Primer taller de acercamiento con la comunidad para el desarrollo del plan. Fotografía: Paulina Romero, marzo 2022
Autoría: Mayra Chiriboga. Restauradora y Museóloga, Fundación Cultural Clave