Sobre el Decreto Ejecutivo 60 y la fusión del Ministerio de Cultura y Patrimonio con el Ministerio de Educación
Desde Fundación Clave, organización comprometida con el fortalecimiento de la gestión cultural, la participación ciudadana y el ejercicio pleno de los derechos culturales, expresamos nuestra profunda preocupación ante lo dispuesto en el Decreto Ejecutivo N.º 60, firmado el 24 de julio de 2025, que establece la fusión del Ministerio de Cultura y Patrimonio con el Ministerio de Educación, como parte de un plan de reducción del aparato estatal.
Esta medida representa una grave regresión en el desarrollo institucional del país y, especialmente, en la garantía de los derechos culturales de los ecuatorianos.
Reducir el tamaño del Estado no implica automáticamente mayor eficiencia, por él contrario podría tener efectos adversos:
Concentración de funciones que debilita la especialización técnica y la capacidad de respuesta sectorial.
Pérdida de autonomía institucional, con impactos negativos en la formulación de políticas públicas específicas, como las culturales.
Centralismo e inequidad, al alejar aún más la gestión cultural de los territorios y de las comunidades que requieren políticas diferenciadas y descentralizadas.
La cultura no es un anexo de la educación formal ni una política ornamental. Es un derecho humano fundamental, un componente estratégico del desarrollo y un espacio clave para la cohesión social, la memoria colectiva y la construcción de ciudadanía.
La eliminación del Ministerio de Cultura y Patrimonio como entidad autónoma no solo afecta al sector cultural, sino que limita las posibilidades de imaginar, construir y vivir en una sociedad más justa, creativa y democrática. Silenciar la política cultural es debilitar la capacidad del país para pensarse a sí mismo desde su diversidad, su historia y sus territorios.
Por ello, hacemos un llamado a la comunidad a unirnos para defender la institucionalidad cultural del Ecuador como un pilar fundamental para el ejercicio de derechos, el desarrollo sostenible y la construcción de paz.
La cultura no es un privilegio, es un derecho que se debe garantizar.
Cada 21 de febrero conmemoramos el Día del Bibliotecario Ecuatoriano, en honor al natalicio de Eugenio Espejo, el primer bibliotecario del país. En 1791, Espejo fue designado director de la primera biblioteca pública de Quito, encargándose de más de 4.000 volúmenes. Pero su labor fue mucho más allá de administrar libros: comprendió que las bibliotecas eran centros de enseñanza e investigación, espacios esenciales para el desarrollo de la sociedad.
Sin embargo, dos siglos después, la profesión que él representó sigue siendo invisibilizada. En una conversación cotidiana, todos saben qué hace un médico, un abogado o un contador. Pero cuando alguien dice «soy bibliotecario», la reacción más común es el desconcierto: ¿qué es eso?, ¿qué hacen?, ¿con qué se come?
El bibliotecario en el siglo XXI: más allá de los libros
El concepto de biblioteca ha evolucionado con el tiempo. Ya no es solo un lugar que alberga libros y bases de datos; se ha transformado en un espacio de encuentro y construcción social, promoviendo la inclusión, el intercambio de conocimientos y la apropiación cultural.
Y en el centro de esta transformación está el bibliotecario. Somos gestores de información y conocimiento, administramos recursos informativos dentro de organizaciones, optimizamos su flujo y facilitamos su análisis y discusión. Pero la sociedad aún nos percibe como simples guardianes del papel impreso.
El usuario es el eje central de nuestro trabajo. Sin usuario, no hay bibliotecario. Pero sin bibliotecario, el usuario se enfrenta solo a un océano de información desordenada. Nuestra labor es organizar, clasificar, interpretar y acercar el conocimiento a quien lo necesita. Somos facilitadores de aprendizaje, impulsores de la investigación y promotores del acceso a la información.
Ser bibliotecaria joven: un camino de lucha
Cuando descubrí la carrera de Bibliotecología, Documentación y Archivo en la Universidad Técnica de Manabí, era un mundo completamente desconocido para mí. Pero alguien supo explicarme su importancia, sus salidas profesionales y su impacto social. Me enamoré de una disciplina que me ha dotado de competencias aplicables en múltiples escenarios, desde la gestión cultural hasta la investigación y los procesos editoriales.
Aun así, ser bibliotecaria joven no ha sido fácil. He experimentado la sorpresa de las personas al mencionar mi profesión, las risas burlonas, las miradas de incredulidad. En un mundo donde las oportunidades laborales para los bibliotecarios son escasas, muchas veces nos exigen experiencia sin darnos la oportunidad de obtenerla.
¿Cómo se espera que construyamos experiencia si no se nos permite entrar al campo laboral? Queremos el mismo salto de fe que le dieron a Espejo, pero sin la barrera de los años de servicio como requisito excluyente.
El abandono del Estado y la resistencia bibliotecaria
El bibliotecario ha evolucionado con el tiempo, pero el Estado no ha evolucionado con nosotros. Las bibliotecas son minimizadas, silenciadas y olvidadas en las políticas públicas. La falta de inversión y reconocimiento deja a los profesionales del área en una lucha constante por visibilizar su labor.
Sin embargo, no nos rendimos. Como los cactus en el desierto, los bibliotecarios nos adaptamos al entorno y encontramos formas de seguir creciendo. No solo organizamos información: la interpretamos, la hacemos accesible, la democratizamos. Estamos en todas partes, aunque la sociedad aún no nos vea.
El bibliotecario de hoy es más necesario que nunca. En un mundo donde la información es poder y la desinformación es un peligro real, nuestra labor garantiza el acceso confiable y estructurado al conocimiento. No basta con reconocer nuestra existencia; exigimos condiciones para ejercer plenamente nuestra profesión. No solo queremos estar en el margen del sistema, queremos ser parte activa de su transformación.
El Día del Bibliotecario Ecuatoriano no debe ser solo una fecha en el calendario. Debe ser el punto de inflexión hacia una reivindicación real de nuestra labor. Es momento de que el Estado y la sociedad nos reconozcan por lo que somos: profesionales esenciales en la construcción de una sociedad informada, crítica y con acceso equitativo al conocimiento.
Paisaje y Artefactos (año 2800) fue una propuesta artística desarrollada por Paulina Romero Cedeño en colaboración con un grupo de 7 niños y jóvenes tejedores de la Escuela Alma Toquilla en Pile, Manabí, como parte de su proyecto de tesis de maestría, entre marzo y agosto de 2023. Fue exhibida por primera vez en la muestra colectiva de los estudiantes de la Maestría de Artes Visuales y Nuevos Medios “prompt me/ si lo imaginas” llevada a cabo en el Centro de Producción e Innovación Mz.14 en julio de 2023. Además fue parte de la exposición organizada por el CIPAD “Fibras: Entretejidos de arte y pedagogías” en octubre de 2023, y la exposición colectiva del Encuentro de Ciudades a través de las Artes llevada a cabo en la Fundación Universitaria Bellas Artes en Medellín en noviembre de 2023.
Foto: Ricardo Bohórquez (2023).
Esta propuesta se enmarcaba en la búsqueda e imaginación de los futuros posibles para el conocimiento ancestral a través del arte, conectando una comunidad que mantiene la tradición del tejido de sombrero fino de paja toquilla con el mundo del videojuego Minecraft. Pensar en otros futuros desde el material, más no desde la idea del patrimonio, surgió como un ejercicio político para cuestionar la sostenibilidad de un conocimiento de origen milenario y, hacerlo desde el trabajo colectivo-afectivo fue una manera de generar nuevas referencias para las futuras generaciones. Este proceso se dio bajo un contexto de aprendizaje mutuo y el siguiente relato futurista:
“Imaginemos que estamos en el futuro. Es el año 2800. Ya nadie teje ni se cultiva la planta de toquilla. Pero en el centro de Pile se encuentra un gran edificio. Entramos a ese edificio y vemos que dentro de él se encuentra resguardado un objeto importantísimo para la comunidad. No es un sombrero, pero si es el último vestigio de paja toquilla de la humanidad.”
Paulina Romero Cedeño (2023)
Foto: Paulina Romero (2023).
Esta experiencia afectiva se aterrizó en piezas artísticas que confluyen entre lo físico y lo digital: “El viaje de la toquilla”, una instalación interactiva que permitió conectarnos al videojuego desde lo sensorial, usando la paja toquilla para recorrer un mundo virtual que mostraba otras formas de entender lo ancestral a través de la imaginación de los portadores del saber más jóvenes de Pile; y “Vestigios en 2800”, la materialización de una serie de objetos imaginados que combinaban las hebras de toquilla con la impresión 3D. Permitiendo que este material se muestre ya no sólo como la materia prima de un saber ancestral, sino también como materia prima de construcción de afectos, una planta que cuenta historias y guarda memorias, a través de la búsqueda de diferentes modos de diversificar las tecnologías, actualmente homogenizadas.
Autoría: Paulina Romero. Artista Visual, Fundación Cultural Clave